Como decía el poeta “Un soneto me manda hacer Violante…”, pues por mi parte dos líneas de mi aportación semanal a las elucubraciones digitales del grupo van por delante.
Sin duda el uso de los PCs, la Red de redes y todos los recursos informáticos de que hoy disponemos ha cambiado nuestra vida en mayor o menor medida.
El problema para los que no hemos nacido en la época de la Cultura Digital, o de la Información, sino que hemos llegado a ella a una cierta edad es que no la afrontamos con la misma facilidad y naturalidad. Y no es que nos neguemos a ello, en absoluto. Es más, profesionalmente hemos tenido que incorporarnos en marcha al rápido tren de la Informática tratando de no ser arrollados por él.
Con esto lo que quiero significar, entre otras cosas, es la dificultad de aceptación de ciertas situaciones, ineluctables e irreversibles, con que nos encontramos. Por ejemplo, comentaba el otro día en clase la anécdota de que cuando me enteré de que estaba totalmente informatizado el sistema del Registro Civil y por lo tanto me resultaba posible solicitar y recibir, sin moverme de casa a través de mi ordenador, mi partida de nacimiento tuve dos sentimientos contrapuestos. Por una parte sensación de comodidad por la facilidad de la operación y otro, que comenté en clase, de una cierta inquietud por la desaparición de un voluminoso y buen libro polvoriento con gruesas tapas de piel donde en una cierta página están registrados mis datos sin los cuales en éste mundo actual no soy nadie.
No es de extrañar que a los que estamos a caballo entre la máquina de escribir y el PC a veces nos ocurran cosas como ésta. Recuerdo que hace casi veinte años participé en la realización de un almacén robotizado para Renfe y en las reuniones para definición del cuaderno de cargas del sistema el cliente preguntó si podíamos hacer un “paperless system” a lo que respondimos afirmativamente y en menos de quince días presentamos una variante de operación que no producía ni un solo papel, únicamente registros magneto_opticos de las órdenes y movimientos de materiales. Resultado?...el cliente “se arrugó” y hubo que volver al planteamiento inicial con un buen fajo de boletas y albaranes que archivar en carpetas cada día, destinadas a almacenar polvo en las estanterías, ocupando espacio, durante un cierto numero de años para terminar finalmente en la basura.
A pesar de lo que hoy cuento creedme que soy profundamente optimista, como podreis ir viendo a lo largo de estos comentarios, acerca del futuro del mundo digital y de su utilidad para el hombre.
Os dejo un simpático video que encaja bien con lo que comento aquí.
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